Gestionar emociones difíciles : la ira

Mindfulness may. 19, 2020

Por Candida Vivalda

La ira es una emoción universal, que compartimos con otros mamíferos, y que todos experimentamos en algunos momentos, desde cuando somos bebés.
Cuando surge la ira es porque nuestro cerebro más primitivo intenta decirnos que hay que cambiar algo. Ante una emoción tan fuerte, normalmente solemos optar por dos alternativas: por un lado reprimirla, o por el otro dejar que se manifieste (y, en algunos casos, explotar).

Sin embargo, disciplinas como el yoga y la meditación pueden jugar un papel muy relevante en la gestión de la ira. La mayor conexión con el cuerpo–mente, la mayor consciencia y presencia que conseguimos gracias a estas disciplinas (sea una sesión de yoga, quizás una sesión de meditación o mindfulness), nos permiten relacionarnos de una forma más calmada, más objetiva, quizás menos reactiva, con lo que acontece en nuestra vida. Y esto incluye a las experiencias o personas que desencadenan en nosotros reacciones de ira.

Es un entrenamiento en el que todo se juega en terreno de la atención. Aprendemos a:

  • Notar lo que sucede – El hecho que desencadena nuestra ira
  • Observar en qué lugares de nuestro cuerpo se manifiesta – Cada emoción que experimentamos se siente en algún lugar del cuerpo
  • Estar con esas sensaciones, con aceptación y sin juzgarlas

Desde ese “espacio de consciencia” puede nacer una respuesta más sosegada, más consciente a las situaciones difíciles, dejando de lado impulsividad y reacciones sin pensar, de las que muchas veces, nos arrepentimos después.

No se trata de reprimir la ira (lo cual no sería bueno tampoco), ni por lo contrario darle rienda suelta: se trata de hacernos conscientes de la situación, de cómo la estamos viviendo, para poder darle respuestas más adecuadas.

Se trata de abrir un espacio entre lo que acontece y nuestra respuesta a ello. Lo que la sabiduría popular conocía como “cuenta hasta 10 antes de contestar”. Con el tiempo y la práctica nos podemos llegar a dar cuenta de que ese “espacio de consciencia” está siempre ahí, siempre es accesible, incluso en el medio de la tormenta. Y esto, en definitiva, nos hace más libres, menos esclavos de la emoción del momento.

Pasos concretos que nos ayudan a gestionar mejor la ira


Una vida más saludable en general, física y mentalmente, es el primer paso. Es muy beneficioso poder tomar unos minutos diarios para la meditación y para algún tipo de ejercicio físico – no hace falta dedicar mucho tiempo, pero sí hacerlo con constancia.

Podemos empezar a meditar sentándonos 5 minutos al día, por la mañana en cuanto nos despertamos, y simplemente notar nuestra respiración, antes de que el día a día nos arrastre. Y a lo largo del día, repetir ese gesto: quizás cuando estamos detenidos en el semáforo, o en el trayecto en el autobús, antes de una reunión de trabajo o de una conversación difícil… sea donde sea, cerrar los ojos si la situación lo permite y llevar la atención a la respiración. En realidad, no hace falta nada más para empezar.

Se trata de sentirnos más conectados y más a gusto con nuestro cuerpo-mente: la mayor conexión y mayor presencia repercuten en el día a día. Nos permite darnos cuenta de que hay un lugar de calma en nuestro interior, desde el que podemos responder a las situaciones que nos producen enfado o estrés de forma más sosegada, más adecuada, más hábil - cuando lo hacemos desde nuestro “espacio de consciencia”.

Madison Lavern en Unsplash

Gestionar las emociones difíciles


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Además Bambú ofrece un Registro de emociones muy práctico y sencillo, en el que puedes ir anotando y comentando tus estados de ánimo diariamente. Esto es muy útil para ir observando las emociones, sin identificarte demasiado ni juzgarlas, tomando la perspectiva adecuada sobre ellas.

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